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Brazos de Irga Tará

Etiqueta
“Irga tará” significa hombre fuerte en lengua dorace. Isabel de Obaldía ha creado un universo propio, donde las figuras femeninas no existen. Sin embargo, los temas que aborda a lo largo de su producción son universales, muchos de ellos relacionados con la fuerza, el dominio y la fusión con la naturaleza.

Isabel De Obaldía
(Estados Unidos, n. 1957)
Brazos de Irga Tará, 2002
Vidrio moldeado en arena con
elemento de madera
Composición: 200 X 61 X 45 cm
Area ocupada en exposición: 400 x 162 x 90 cm
Nº de registro: P184

Exposiciones en MAC Panamá
Fragmentos de guerreros (2003)
La esencia del desnudo (2012)
Voces en Off (2017)

Crédito
Colección MAC Panamá
Cortesía de la artista
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Isabel de Obaldía

Esculturas de hombres que habitan la línea donde lo animal se encuentra con lo humano flanquean el espacio de la galería Mateo Sariel. La luz trasluce a través de la masa de vidrio de sus cuerpos. En el medio, la hacedora explica la técnica y habla de cómo les insufla la vida. Un coro de asistentes, como una especie de cofradía de amantes del arte, le escucha atentamente. La maestra panameña Isabel de Obaldía ofrece algo más que un conversatorio sobre su nueva exposición Irga Tará. Pronto, el momento se vuelve íntimo y pasa a ser una celebración de los 39 años de carrera de la artista panameña, enmarcados en las dos décadas de la existencia de la galería. La artista pasa revista a sus influencias, su aprendizaje y su obra en general. Corría el año 1977 e Isabel de Obaldía era una joven artista que pintaba haciendo uso de un potente lenguaje expresionista. Sus trabajos en lienzo laten al ritmo de la dictadura que agobia fuera de ellos. “Como muchos, participé en manifestaciones y protestas. Mis dibujos entonces reflejaban los momentos difíciles por los que estábamos pasando”. Sin embargo, hacia finales de 1980 inició su largo idilio con su materia de trabajo preferida hasta la actualidad: el vidrio. Hija de padre panameño y madre francesa, el encuentro de la belleza, peso y fragilidad del vidrio le vino de una visita a un museo parisino junto a su tía. “Allí descubrí a Émile Gallé. Me fascinaron esos jarrones llenos de capas y color tallado. En mis óleos yo estaba comenzando a jugar con las transparencias de color y recordé esos floreros”. Así, para iniciarse en el conocimiento de ese material, en 1987 asistió al Pilchuck Glass School en Washington, Estados Unidos. Después de aquel primer curso de soplado para principiantes, Pilchuck se convirtió en un sitio recurrente, donde la artista perfeccionó las técnicas de la talla en vidrio, el fundido y moldeado y el soplado para hacer sus esculturas. En esa escuela se inicia una verdadera pasión por el fundido en arena, creando piezas “inspiradas en la pureza de la línea de la cultura precolombina”. Al ver estos primeros trabajos, Mary Ann Martin Fine Art en Nueva York le ofrece su primera exposición. El próximo año cumplirá 20 años de trabajar con esa galería. Con cada imagen que la artista proyecta durante su exposición, se descubre su arduo trabajo en los talleres en Europa y Estados Unidos, los hornos y el resultado final de la creación. Esas estampas se complementan con instantáneas de la vida familiar de de Obaldía, en la que participan su esposo y sus hijos. “Ellos conocen mi trabajo desde chicos. Con Sebastián, en particular, estuvimos compartiendo el estudio por un año o dos, y lo bonito es tener una relación ya de adultos que estamos conversando sobre el trabajo y la obra”. Isabel de Obaldía se convierte en una figura destacada en el circuito de artistas del vidrio. Ha recibido varias invitaciones al Simposio Internacional de Vidrio de la región de Novy Bor, en República Checa, donde son expertos en soplado, y en la que la artista llega a perfeccionar también esa técnica.