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Esvin Alarcón Lam (Guatemala, 1988), Laura Fong Prosper (Panamá, 1978), Astrid González (Medellín, Colombia, 1994), Mimian Hsu (San José, Costa Rica, 1980), Alexis Leyva Machado Kcho (Cuba, 1970), Simon Shim Sutcliffe (Toronto, 1997), Chris Zhongtian Yuan (Wuhan, China, 1988)
Curadora: Jennifer Choy
28 agosto 2025 – 1 febrero 2026
Para quienes han vivido el exilio, la pérdida cultural, la asimilación forzada o cuyos territorios ancestrales han atravesado procesos de colonización, el vínculo con nuestras figuras mayores suele estar atravesado por el dolor y el silencio. Cuando una de estas figuras parte, este duelo se intensifica con la pérdida de memorias, saberes e historias que quizás nunca logremos recuperar.
El agua, entonces, se convierte en un vehículo poderoso a través del cual podemos comprender el mundo. Un elemento que fluye en paralelo con las fluctuaciones del tiempo y el espacio, y que comparte con las diásporas la experiencia de la dispersión, entendida como el movimiento de un lugar a otro, a menudo atravesando vastos cuerpos de agua. A su vez, actúa como archivo líquido, un reservorio de memoria y un espacio de convergencia poética donde se entrelazan narrativas del pasado, el presente y el futuro, moldeando la forma en que nos percibimos y nos comprendemos en nuestros cuerpos, territorios e historias.
Tomando su título de un verso de Mahmoud Darwish y abrazando el agua como marco conceptual, el agua me ata a tu nombre es una exposición colectiva desarrollada desde la perspectiva del agua, abordada simultáneamente como metáfora y como método. Anclado en la compleja relación geológica y geopolítica de Panamá con este elemento, el proyecto reflexiona de modo poético y crítico sobre cómo el agua moldea paisajes e historias, convirtiéndose en agente transformador tanto de la geografía como de la memoria colectiva. Desde esta mirada convoca a artistas del Sur Global y sus diásporas, quienes exploran historias de despojo, migración, memoria y transformación a través de cuerpos de agua.
Hace millones de años, el Central American Seaway unía los océanos Pacífico y Atlántico, permitiendo su flujo conjunto entre América del Norte y América del Sur. Bajo la superficie, las placas tectónicas del Caribe y de Cocos iniciaron una lenta colisión; la primera se hundió bajo la segunda, generando volcanes submarinos que emergieron como islas y elevando gradualmente el lecho marino hasta dar forma al istmo de Panamá. La aparición de este istmo marcó un punto de inflexión que reconfiguró por completo el mundo: modificó las corrientes oceánicas a ambos lados, redirigió los patrones de circulación global y alteró los climas de distintos continentes, así como las rutas migratorias de especies y pueblos.
Siglos después, esa misma costura natural sería intervenida por el ser humano. El Canal de Panamá, símbolo de la identidad panameña, se erige como metáfora de una fluidez fabricada por el ser humano: un mecanismo inmenso y complejo que eleva y baja los barcos, uniendo lo que antes era una barrera terrestre impenetrable y devolviendo el agua a su flujo original. Su construcción, un proceso íntimamente ligado al nacimiento de Panamá como estado-nación, abrió una nueva herida en la tierra, forzando la reapertura de la costura que la naturaleza había sellado y reuniendo los océanos en una frágil convergencia. En un territorio marcado por siglos de extractivismo, tránsito y circulación global, el agua en Panamá nunca es neutral. Está cargada de historias de despojo y violencia infraestructural, pero también de resistencia, resiliencia y reimaginación.
Las obras aquí reunidas no pretenden ofrecer respuestas, sino sostener preguntas, habitar umbrales e invocar presencias que nos acompañan —y que a veces también nos faltan. Son trabajos que construyen archivos afectivos y geográficos y que, desde lo íntimo, trazan vínculos con procesos históricos de gran escala.
En el primer conjunto, Simon Shim Sutcliffe, Chris Zhongtian Yuan y Kcho trazan memorias diaspóricas a través del agua, el sonido y las huellas de la infraestructura. En Zona, Sutcliffe conecta su ascendencia china ligada a los trabajadores del Canal con las marcas y borrados de imperios coloniales, contraponiendo la monumentalidad de esta vía con la imagen mínima de un pozo artificial en un estacionamiento vacío, eco del Lago Gatún. Yuan, en Instrumento frágil, combina instalación sonora e imágenes gráficas para explorar la violencia infraestructural y la fragilidad de la monumentalidad, desestabilizando nociones de tiempo y espacio mediante variaciones musicales y gestos arquitectónicos. Kcho, en Sin título de la serie Manos en el mar, enlaza las aguas de Cuba y Panamá a través de un remo con la bandera panameña, evocando el mar como espacio de tránsito, reencuentro y búsqueda de pertenencia.
En el segundo conjunto de obras, Esvin Alarcón Lam, Mimian Hsu, Laura Fong Prosper y Astrid González proponen lecturas íntimas y críticas del desplazamiento y la memoria desde distintos territorios y escalas. En Memoria del viento, Alarcón Lam presenta una instalación que evoca pulmones humanos y la memoria de la diáspora cantonesa en Izabal, Guatemala, donde el viento es fuerza de transformación y regeneración. Hsu, en 萬水 10.000 Aguas, realiza un retrato performático de su tía, transfiriendo 10.000 gotas de agua a un contenedor de cerámica Yue, en un ciclo líquido que entrelaza duelo, memoria y transformación. Fong Prosper combina video y tapices de fibras recicladas en Agua y Helio y Planetas de retazos, imaginando futuros cósmicos sostenibles frente a las lógicas extractivas. González, en Drexciya, reinterpreta el mito afro ficticio de un territorio submarino habitado por los hijos no nacidos de mujeres africanas arrojadas al mar, entrelazando historia y ficción para cuestionar narrativas coloniales y jerarquías raciales.
En conjunto, estas obras abren distintos cauces de lectura que, desde escalas personales, comunitarias y planetarias, tensionan las formas de habitar la memoria y el desplazamiento. Poniendo especial atención en los movimientos humanos a través del Pacífico, en sus llegadas y cruces por Panamá hacia el Caribe, el agua me ata a tu nombre imagina un intercambio continuo en el que las corrientes entretejen geografías afectivas, abriendo nuevas posibilidades de reencuentro, reimaginación y regeneración.
Esvin Alarcón Lam (Guatemala, 1988), Laura Fong Prosper (Panamá, 1978), Astrid González (Medellín, Colombia, 1994), Mimian Hsu (San José, Costa Rica, 1980), Alexis Leyva Machado Kcho (Cuba, 1970), Simon Shim Sutcliffe (Toronto, 1997), Chris Zhongtian Yuan (Wuhan, China, 1988)
Curator: Jennifer Choy
MAC Panamá | Ancón
28 agosto 2025 – 1 febrero 2026
For people who have experienced exile, cultural loss, forced assimilation or whose ancestral lands have been subjected to processes of colonisation, the relationships with their elders are often fraught with pain and silence, and when we lose an elder our pain is compounded with the loss of memories, knowledge, and histories we may never recover.
Water, then, becomes a powerful vehicle through which many of us can understand the world. It is an element that flows in parallel with the ebbs and flows of time and space and shares with diasporas the experience of dispersion — the movement from one space to another, often across vast bodies of water. At the same time, it acts as a liquid archive, a reservoir of memory, and a poetic space of convergence where narratives of past, present, and future intertwine, shaping how we perceive and how we understand our bodies, territories, and histories.
Drawing its title from the work of Mahmoud Darwish and embracing water as a conceptual framework, water binds me to your name is a collective exhibition developed through the lens of water, approached simultaneously as metaphor and method. Anchored in Panama’s complex geological and geopolitical relationship with this element, the project offers a poetic and critical reflection on how water shapes landscapes and histories, acting as a transformative agent of both geography and collective memory. Against this backdrop, it brings together artists from the Global South and its diasporas who explore narratives of dispossession, migration, and transformation through bodies of water.
Millions of years ago, a vast body of water known as the Central American Seaway stretched between North and South America, allowing the Pacific and Atlantic Oceans to flow together. Beneath the surface, the Caribbean and Cocos tectonic plates began a slow collision; the former sank beneath the latter, generating underwater volcanoes that rose as islands and gradually lifted the sea floor until the Isthmus of Panama emerged. The appearance of this isthmus marked a turning point that reconfigured the world: it altered ocean currents on both sides, redirected global circulation patterns, and transformed the climates of different continents, as well as the migratory routes of species and peoples.
Centuries later, that same natural seam would be reopened by human intervention. The Panama Canal, a symbol of Panamanian identity, stands as a metaphor for a human-engineered fluidity: an immense and complex mechanism that raises and lowers ships, connecting what was once an impenetrable land barrier and partially restoring the waters to their original flow. Its construction—intimately tied to the birth of Panama as a nation-state—carved a new wound into the land, forcibly reopening the seam that nature had once sealed and rejoining the oceans in a fragile, human-made convergence. In a territory marked by centuries of extractivism, transit, and global circulation, water in Panama is never neutral. It carries histories of dispossession and infrastructural violence, but also of resistance, resilience, and reimagination.
The works presented here do not attempt to offer answers but rather to hold space for questions, inhabit thresholds, and invoke presences that accompany us — and that sometimes, too, are absent. These are practices that build affective and geographical archives, and from intimate perspectives, trace links to large-scale historical processes.
In the first group, Simon Shim Sutcliffe, Chris Zhongtian Yuan, and Kcho evoke diasporic memory through water, sound, and the traces of infrastructure. In Zone, Sutcliffe connects his Chinese ancestry, tied to the Canal’s migrant workers, with the marks and erasures of colonial empires. He juxtaposes the monumental scale of the waterway with the minimal image of an artificial puddle in an empty parking lot—an echo of Gatun Lake. Yuan, in Fragile Instrument, combines sound installation with graphic imagery to explore infrastructural violence and the fragility of monumentality, destabilizing notions of time and space through musical variations and architectural gestures. Kcho, in Untitled from the series Hands in the Sea, links the waters of Cuba and Panama through a paddle painted with the Panamanian flag, evoking the sea as a space of transit, reunion, and the search for belonging.
In the second group of works, Esvin Alarcón Lam, Mimian Hsu, Laura Fong Prosper, and Astrid González propose intimate and critical readings of displacement and memory across different territories and scales. In Memory of the Wind, Alarcón Lam presents an installation that evokes both human lungs and the memory of the Cantonese diaspora in Izabal, Guatemala, where wind becomes a force of transformation and regeneration. Hsu, in 萬水 10,000 Waters, stages a performative portrait of her aunt, transferring 10,000 drops of water into a Yue ceramic vessel in a liquid cycle that interweaves mourning, memory, and transformation. Fong Prosper combines video with recycled fiber tapestries in Water and Helium and Planets of Scraps, envisioning sustainable cosmic futures against extractive logics. González, in Drexciya, reinterprets the Afrofuturist myth of an underwater world inhabited by the unborn children of African women cast into the sea, intertwining history and fiction to unsettle colonial narratives and racial hierarchies.
Together, these works open multiple channels of interpretation that, across intimate, communal, and planetary scales, challenge the ways in which we inhabit memory and displacement. Focusing on human movements across the Pacific and their passages through Panama toward the Caribbean, where Pacific and Atlantic waters meet, water binds me to your name imagines a continuous exchange in which these currents interweave affective geographies, opening new possibilities for re-encounter, re-imagination and regeneration.